Recordando a Luis Alberto

No resulta fácil hablar de un amigo con el que se han compartido tantos momentos ahora que acaba de abandonarnos, aunque para algunos el recuerdo de su persona será difícil de borrar por mucho tiempo que pase.

Muchas han sido las experiencias compartidas con un hombre de la talla humana, intelectual y creadora de Luis Alberto del Castillo Navarro, un hombre sencillo, un buen esposo y padre de familia, un excelente escritor, poeta, abogado, profesor de universidad y bachillerato, que dedicó buena parte de su tiempo a la investigación histórica desde la ciudad de Algeciras, a la que siempre tanto quiso, y de la que fue, hasta hace apenas unos días, su Cronista Oficial.

Luis fue, además, el primer Director del Instituto de Estudios Campogibraltareños, proyecto al que se unió apasionadamente porque siempre latió en su corazón el deseo de que nuestra comarca, el Campo de Gibraltar, el de las ocho ciudades, contase con un organismo cultural, representativo y democrático, que uniese los distintos campos de la cultura, la creación y la investigación y difundiese los resultados obtenidos hacia todos los puntos que marca la rosa de los vientos. Ahora, una vez pasados tantos años, Luis contemplaba como, lo que al principio no fue más que apenas una idea, acabó germinando y echando raíces, convirtiéndose en una sólida realidad gracias al interés y a las responsabilidades que él asumió cuando, de su mano y de la de Rafael García Valdivia, el Instituto dio sus primeros pasos balbucientes hasta llegar a consolidarse como una institución respetada en los ámbitos académicos de toda índole. Su esfuerzo y su dedicación lo hicieron posible.

Para los que hemos tenido la suerte de compartir parte de nuestra vida con él, Luis Alberto siempre fue un modelo de persona a seguir por su honradez personal, por su dignidad académica, por su profesionalidad laboral, por su respeto hacia los demás y por su tolerancia en tantos y tantos campos de la vida diaria.

Hoy se nos ha marchado el gran lector, el coleccionista de comics, el hombre que acariciaba las hojas de los libros, el viejo fumador de pipa, el poeta que recreaba mundos imaginarios, el hombre que amaba a los niños y arrullaba a los gatos, el profesor que sabía casi de todo, el joven estudiante en Murcia y el historiador comprometido con las verdades que los tiempos, muchas veces, intentan difuminar.

Hoy nos hemos quedado todos un poco huérfanos en esta ciudad y en esta comarca en la que Luis Alberto del Castillo fue, durante la mayor parte de su existencia uno de los más importantes baluartes de la cultura.

Que la tierra te sea leve.

Mario Ocaña Torres, 26 de noviembre de 2021

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